El 29 de agosto p.psdo., cumplió 50 años Michael Joseph Jackson, o simplemente Michael Jackson, como artísticamente se lo conoce a este cantante, compositor y bailarín, nacido en 1958 en Gary, Indiana, E.U.de A.,"of course". Como muchos otros personajes, procede de una familia relativamente pobre, donde su padre Joseph trabajaba como operario de una fundición, y de donde procuraba sacar los recursos para mantener a una "pequeña tribu" compuesta de once personas en total. ¡Eran 9 hermanos!
No voy a entrar a discutir las cualidades artísticas de este personaje: primero porque no soy ningún experto ni autoridad para hacerlo, y además también, porque el sonido rock no me produce, en general, ninguna sensación agradable al oído, incluso en los días en que a causa de algún fuerte resfriado, tengo bien taponados los canales auditivos.
Debo admitir que el tipo, en ocasiones me ha resultado simpático, y al leer o escuchar el relato de sus excentricidades, no pocas veces me he divertido gratuitamente. No hay duda que estamos frente a uno de esos personajes que comúnmente llamamos, "un loco lindo", aunque en esto debemos ponerle cierto reparo, si es que las acusaciones de paidofilia que se le hicieron tienen algo de veracidad. Porque entonces ya dejaría de ser un "loco lindo", para convertirse en "un loco peligroso".
Una de las características de M.J. pareciera ser la búsqueda de la perfección. Alguna vez se despachó declarando que, si no "había alcanzado la perfección era por culpa del padre", lo cual no sería nada original en un mundo tan psico-analizado como en el que vivimos, y donde generalmente la culpa de nuestros problemas siempre la tiene "algún otro pobre infelíz", que termina siendo –otra vez,- aquel "chivo expiatorio" que las ceremonias judías sacrificiales legaron a la posteridad. En este caso, fue el viejo Joseph que tuvo "el privilegio de cargar con las culpas" de un hijo "casi perfecto".
Pero donde la búsqueda de la perfección, y del ideal, se ha manifestado de una manera dramática en la existencia de M.J., ha sido justamente en su propio cuerpo, el cual, (tomado como un objeto separado), al final, terminó siendo justamente el que ha pagado el precio de las excentricidad del muchacho "que lo habita".
Lo dramático, es que ese ideal de perfección, al final lo ha transformado en un verdadero adefesio, en todo el sentido de la palabra. Porque evidentemente, aquel muchacho de color, simpático y buen mozo que nos dejan las fotos de su adolescencia y juventud, se ha ido transformando gradualmente, gracias a todos los tratamientos químicos y quirúrgicos a que se ha expuesto, en una figura que no se sabe si es hombre ó mujer, y con un color de morocho desteñido, que nos deja una sensación de artificialidad, de tipo light.
Más allá de sus cualidades artísticas, es evidente que estamos frente a un personaje que por sus excentricidades, también ha dejado su impronta con ejemplos realmente llamativos de la forma con que los humanos logran distorsionar el uso de técnicas que usadas convenientemente, pueden ayudar a mejorar de alguna manera la calidad de vida de la gente. Pero que usadas inadecuada y caprichosamente, pueden echar a perder todo lo positivo que la misma naturaleza nos ha legado.
En definitiva, M.J., un personaje, como tanto otros, que después de alcanzar la fama y hacerse rico, no ha sabido que hacer con todo ello, e incluso mostrando una total desorientación en cuanto a las razones de su existencia y un desprecio absoluto por lo que la naturaleza – o Dios, según sean nuestras creencias,- nos ha concedido a todos, es decir, el cuerpo. Y sin el cual no existiríamos.
Igualmente podemos decirle: Happy birthday to you, Michael! (Y tomate una buena dosis de "ubicatex forti").
domingo, 31 de agosto de 2008
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